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sábado, 23 de marzo de 2013

LA AMAZONA



CAPÍTULO 14


- Basta –una voz serena pero imponente resonó en la sala.

- ¡Muad Did! –exclamó Moonshadow.

Mis labios pronunciaron ese mismo nombre en silencio.

El majestuoso hechicero se hallaba en la entrada de la sala acompañado por Saito y Shao que miraban asombrados la escena que se desarrollaba delante de sus ojos.

- Moonshadow, has rebasado los límites de mi tolerancia –la voz de Muad era tan cortante como el filo de un cuchillo- Libéralos de tus hechizos.

El joven hechicero negro le miró con ojos desorbitados durante un instante pero enseguida recobró la compostura y avanzó hacia el otro mago con tranquilidad.

- ¿Por qué habría de obedecer a un mago que renunció a su poder? –sonrió desafiante.

Antes de que Muad Did pudiera responder se escuchó una suave risa.

- Tenías miedo de ti mismo ¿no es verdad, Muad? –ronroneó Shiva desde el otro lado de la habitación.

El mago se volvió hacia la mujer-gato para observarla con detenimiento.

- ¿Y tú, Shiva? Mírate. Has dejado que tu parte salvaje se apodere de ti –replicó Muad sin acritud.

- ¿Y quién ha tenido la culpa? ¡Tú! –siseó Shiva destilando veneno con cada una de sus palabras- No quisiste ayudarme aunque te lo supliqué. Sabias lo importante que era para mí pero te negaste una y otra vez.

- Me pedías que te mutilara, que arrancara de ti una parte esencial de tu ser –contestó- Eso no podía hacerlo, Shiva.

- Por supuesto. Tú eres el gran Muad, y tus principios son tan elevados que preferiste dejarme sufrir antes que traicionarlos –sonrió Shiva con amargura.

Mi antiguo amante se pasó la mano por los cabellos en un gesto poco habitual en él y miró en silencio a la joven.

Parecía como si alguno de los dos magos hubiera lanzado un hechizo para detener el tiempo pues todos asistíamos al intercambio mudos e inmóviles.

- No tuvo nada que ver con mis principios –suspiró Muad después de unos momentos.

- Entonces, ¿por qué no me ayudaste? –gritó Shiva que aún sujetaba entre sus brazos a un exhausto Lars- Permitiste que mis dos naturalezas siguieran luchando dentro de mí. Sabías que todo mi ser se sentía desgarrado pero no hiciste nada y al final, venció mi naturaleza depredadora.   
 
La voz de la mujer felino había ido convirtiéndose en un ronco gruñido y cuando acabó de hablar sus labios se estiraron en una sonrisa llena de rabia y desesperación.

- Ahora disfruto atormentando a mis víctimas... –susurró, luego bajó la mirada hacia el indefenso joven que tenía en su regazo y le desgarró el pecho con sus afiladas garras.

- ¡No! –grité sintiendo en mi propia carne cada una de las profundas heridas.

- ¡Lars! –rugió Saito al mismo tiempo transformándose en el magnífico lobo negro que era su alter ego y abalanzándose sobre la mujer-gato, mientras Shao se apresuraba a apartar el cuerpo ensangrentado de Lars de la pelea.

La lucha de los dos semihumanos era encarnizada. Saito era más fuerte que la mujer-gato, pero ésta poseía una agilidad portentosa y unas afiladas uñas.

- ¡Apártate de ella, licántropo! –aulló Moonshadow sin atreverse a lanzar un hechizo por miedo a herir a su amante.

Ninguno de los dos le prestó atención y siguieron mordiéndose y golpeándose con furia ajenos a todo lo demás. Los licántropos y los felinos eran enemigos naturales y el odio ancestral los empujaba a combatir hasta la muerte.

- ¡Quietos! –la voz poderosa de Muad se impuso sobre todo lo demás- Esto lo resolveremos Moonshadow y yo.

Con un gesto casi imperceptible del mago, las manos de piedra que me atenazaban desaparecieron y corrí hacia Lars. Me incliné sobre el cuerpo inerte de mi amante y lo estreché entre mis brazos mientras Saito y Shiva, obedeciendo la orden de Muad, se separaron aunque permanecieron al acecho observándose fijamente.

- ¿Y ahora vas a hacer lo que te he pedido? –dijo Muad mirando al mago negro con sus ojos penetrantes.

- Por supuesto que no –contestó Moonshadow sonriendo.

- Entonces tendré que obligarte.

- Creía que habías renunciado a tus poderes –replicó Moonshadow con ironía.

- ¿Crees que una promesa va a impedir que ayude a mis amigos? –repuso Muad con calma.

- Esto se pone interesante. Ahora comprobaremos si aún mereces el nombre de Archimago –dijo el joven riendo entre dientes.

Antes de que el eco de sus palabras se hubiera apagado conjuró un hechizo y sobre sus manos empezó a formarse la imagen de un grifo que brillaba con tonos rojizos. Poco a poco fue creciendo y luego, con un gesto de su diestra, lo lanzó contra Muad.  
 
Durante un instante pareció que el archimago no iba a moverse pero cuando el hechizo en forma de grifo de Moonshadow estaba a punto de alcanzarlo un hermoso fénix de color dorado lo detuvo.

El choque de los dos hechizos fue tan violento que las columnas que sostenían el techo se bambolearon y el estruendo que se produjo, nos ensordeció.

Las dos criaturas mágicas continuaron luchando con frenesí y a cada embestida, la torre entera se estremecía. Fragmentos de piedra de los muros volaban en todas direcciones y los muebles explotaban en astillas con cada confrontación.

Abracé a Lars intentando protegerlo de los objetos que caían a nuestro alrededor y Shao y Saito se desplazaron hacia donde estábamos para ayudarme a cubrirlo.

Nos encontrábamos en medio de una lucha de titanes y me sentí tan frágil, tan indefensa que las lágrimas brotaron incontenibles de mis ojos. Tenía a Lars entre mis brazos pero sus heridas eran profundas y la vida se le escapaba con la sangre que manaba de ellas sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo.

Un nuevo choque de poderes provocó la caída de varias columnas y noté cómo el suelo temblaba por debajo de mí. Estreché con más fuerza a Lars y acerqué mi boca a su oído.

- No dejaré que mueras –susurré aunque sabía que no podía oírme- porque yo... te amo.

En ese instante, el fénix de Muad arremetió contra el grifo y se produjo una explosión de tal magnitud que sacudió la torre hasta los cimientos. Una ráfaga de aire, impregnado de polvo y de brillantes partículas de color rojo y dorado, nos azotó y cuando el polvo volvió a posarse sólo uno de los magos permanecía en pie.

- ¡Moon! –gritó Shiva saliendo de detrás de una columna derribada y corriendo hacia el mago que estaba apoyado sobre una rodilla.

- ¡No lo mates! –rugió colocándose delante de la figura postrada.

- Eso no será necesario si presta el juramento de fidelidad –dijo Muad con su voz serena.

El símbolo mágico del suelo se había resquebrajado y su luz, ahora fantasmagórica, iluminaba la recia figura del archimago proyectando una sombra enorme a su espalda.

- ¿Vas a confiar en mi palabra? –preguntó Moonshadow con un tono en el que se mezclaba la incredulidad con la ironía.

- Puedes haber hecho muchas cosas equivocadas, joven mago –repuso Muad- pero nunca faltarás a tu palabra de hechicero porque la magia lo es todo para ti.

Se acercó a su derrotado contrincante y Shiva intentó interponerse pero el alto hechicero le apretó el brazo con un gesto lleno de afecto y la apartó.   
-Tu lealtad hacia él te honra –dijo con suavidad- pero no tienes nada que temer.

Moonshadow se puso en pie y miró a los ojos a su oponente durante unos momentos, luego asintió en silencio y extendió las manos. En el centro de ellas, apareció una bola de color rojo resplandeciente que poco después se transformó en el mismo grifo que había utilizado en el combate pero mucho más pequeño. Con un leve movimiento, hizo que volara hacia Muad, el cual abrió las manos para recibirlo y entonces, brilló con fuerza durante un instante y se desvaneció.

El poderoso archimago sonrió entonces y señaló las pétreas figuras de Rick y Adru. Moonshadow volvió a asentir y convocó a un ghoul para que devolviera la vida a los dos jóvenes.

Lentamente, la piedra revertió en carne y Rick y Adru abrieron los ojos y miraron confusos a su alrededor.

- ¡Lars! –exclamó Rick al ver a su hermano y corrió hacia él. Su experiencia como guerrero le permitió hacerse cargo de la situación casi inmediatamente después de haberse recobrado del hechizo del ghoul y se inclinó sobre el cuerpo inconsciente para comprobar la gravedad de sus heridas.

- Muad... –llamé al mago con urgencia- Lars necesita ayuda.

- Sí, tienes razón –dijo mi antiguo amante acercándose a donde estábamos pero antes se dirigió a Shiva y Moonshadow que permanecían abrazados- Volveremos a encontrarnos pronto.

Entonces, hizo un círculo en el aire y se abrió una especie de pasadizo envuelto en niebla.

- Entrad –dijo el mago.

Rick tomó el cuerpo inconsciente de Lars en sus brazos y avanzó decidido.

Enseguida se le unieron los demás, pero yo me detuve un momento para abrazar a Muad.

- No sé cómo agradecerte...

- Shh –los dedos de mi amigo se posaron sobre mis labios impidiéndome terminar- No es necesario que digas nada.

Asentí en silencio y apoyé la cabeza sobre su fuerte pecho sintiéndome a salvo por fin. Él me abrazó durante unos segundos y luego entramos en el portal dimensional.

El otro lado del pasadizo desembocaba en el laboratorio de Adru y allí se hallaban congregados casi todos mis compañeros de aventura. Las dríadas junto a Kyo, Kiba, Shao, Saito, Rick y Adru y volando por encima de las cabezas, un eufórico Egj. Sin embargo, Lars no estaba allí y me asaltó el temor.

- ¿Dónde está Lars? –pregunté llena de inquietud. 

- Tranquila –dijo Rick, acariciándome el brazo- Está a salvo en una de las habitaciones y Adru ya ha mandado a buscar a una sanadora.

- Tengo que ir con él –dije dirigiéndome hacia la puerta del laboratorio.

- Está en la misma habitación donde os alojasteis la última vez –sonó la voz aguda de Egj sobre mi cabeza.

Estaba a punto de abrir la puerta cuando ésta se abrió desde el otro lado y una tenebrosa figura envuelta en una capa con capucha negra apareció en el umbral.

Instintivamente mi mano se dirigió a la cadera en busca de mi espada pero allí no había nada, así que retrocedí un paso y adopté una postura defensiva.

- ¿Quién eres? –pregunté intentando distinguir su rostro en las tinieblas de la capucha.

- Me llamo Nikie –repuso una voz sorprendentemente dulce- Parece que alguien necesita de mis servicios.

Por detrás de ella, vi que Pichu me hacía gestos como si quisiera tranquiliarme.

- ¿Tú eres la sanadora? –pregunté asombrada- ¿Cómo es posible que una adepta de la diosa Ur se dedique a salvar vidas? Eso es imposible.

- Nada en Nikie es lo que parece –intervino Adru acercándose a nosotras- Enseguida lo comprobarás.

- Está bien –dije relajándome un poco- Reservaré mi opinión de momento, pero estaré junto a Lars mientras le curas.

- Como quieras –concedió la sanadora con el mismo tono dulce de antes.

Subimos hasta la habitación donde Lars permanecía sobre la cama inconsciente y Nikie apoyó sobre la pared el báculo uriano que portaba y se bajó la capucha. Me quedé sorprendida al ver su extraordinaria belleza. Sus cabellos oscuros enmarcaban una faz tan blanca como la nieve, que contrastaba con sus labios de un rojo muy oscuro y, sus ojos, cálidos y profundos, parecían capaces de descifrar los misterios más insondables.

- ¿Podrás curarle? –musité mientras me inclinaba sobre el joven astrólogo para apartarle los cabellos que le caían sobre la frente.

La sanadora asintió con una seguridad que hizo que la calidez regresara a mi cuerpo, hasta entonces, aterido. Me senté junto a la cama y tomando una de las manos de Lars entre las mías esperé a que Nikie empezara a actuar.

Una luz blanca resplandeció en la habitación envolviendo el cuerpo del joven y provocándole una pequeña convulsión que cesó casi al momento. Entonces, sus párpados temblaron y abrió los ojos. Me miró confuso y luego, sonrió diciendo algo ininteligible.

- ¿Qué has dicho? –pregunté inclinándome sobre él. 

- Estabas impaciente porque despertara, ¿eh? –repitió con voz débil.

Le miré sin comprender hasta que me di cuenta de que seguía completamente desnuda y solté una carcajada.

- Más de lo que crees, cielo –dije besándole tiernamente en los labios.

Nikie se adelantó entonces para observar atentamente las heridas que ya estaban casi cerradas y sonrió satisfecha.

- Creo que ya no me necesitáis, así que os dejo a solas –dijo con tono irónico mirándonos de soslayo.

- Gracias –dije con gratitud- Nunca lo olvidaré.

Nikie asintió y abandonó la habitación en silencio.

Una vez solos, apoyé una mano a cada lado del cuerpo de mi amante y me incliné para besarlo profundamente.

Cuando me aparté, Lars me miró con una extraña expresión en los ojos.

- Miyu... –comenzó vacilante.

- ¿Si?

- En la torre, después de que Shiva me hiriera y cuando todo volaba a nuestro alrededor... me susurraste algo al oído –continuó observándome con incertidumbre- ¿Podrías repetirlo ahora?

Sentí el rubor arder en mis mejillas y me las arreglé para ocultar el rostro tras mis largos cabellos.

- ¿No estabas inconsciente? –pregunté con un hilo de voz.

- La mayor parte del tiempo, sí –asintió Lars- pero recuerdo algunas cosas...

- Bueno... el dolor y la pérdida de sangre pueden confundir los sentidos –dije con el mismo tono bajo de antes.

- Entonces, ¿no es cierto lo que oí? –su rostro mostró tal desánimo que no pude seguir negando mis palabras.

Le acaricié la mejilla con ternura y posé los labios junto a su oído.

- Si aún no sabes que te amo eres más tonto de lo que suponía –musité.

Después me incorporé de nuevo para mirarle a la cara y solté una carcajada al ver su expresión embobada.

- Deja de sonreír así o van a pensar que algún cascote te dio en la cabeza. –dije burlona.

- Y tú deja de insultarme y vuelve a besarme –replicó Lars fingiendo indignación.

Sonreí y le besé con pasión, haciendo que mi lengua recorriera cada rincón de su boca para volver a sentir su sabor en ella. Mis manos le acariciaban el pecho con delicadeza cuidando de no tocar las heridas que lo cruzaban y pellizcando suavemente los pezones para estimularlos.   
- Miyu...

- ¿Te hago daño? –pregunté apartándome un poco.

- No –dijo besándome la nariz- Sólo quería decirte que... yo también te amo.

- Lo sé –sonreí y volví a lamer sus labios para luego recorrer la mandíbula y el cuello alternando besos, lamidas y mordiscos.

Suspiró de placer e intentó incorporarse pero no se lo permití.

- Déjame que me ocupe yo de todo y tú sólo concéntrate en disfrutar.

- Eso ha sonado demasiado tentador para negarme –rió bajito el joven y volvió a recostarse.

Seguí lamiendo su piel salada por el sudor al tiempo que comenzaba a tocarle suavemente el pene y los testículos. Cuando llegué a su entrepierna, la polla ya estaba muy dura y me puse a lamerla por la parte de abajo muy lentamente para después chupar los huevos con deleite. Su cuerpo temblaba de deseo y alzó involuntariamente la cadera en muda súplica.

Obediente, tomé la polla entre mis labios y empecé a chuparla haciendo que la lengua recorriera la punta palpando con insistencia todos los rincones. Después de un momento, hice que el pene entrara profundamente en mi garganta para luego hacerlo retroceder hasta casi salir de mi boca. Pero mis labios no le permitieron dejar del todo la húmeda cavidad y comenzaron a succionar con energía la hinchada polla, hasta que derramó su semilla en mi lengua. Saboreé el delicioso néctar y me lamí los labios para limpiar las gotas que habían quedado en ellos. Luego, volví a lamerle el pene en busca
de restos de semen y enseguida volvió a erguirse, así que lo froté unas cuantas veces al tiempo que apretaba ligeramente los huevos hasta que estuvo tan duro que pareció a punto de reventar.

Entonces subí a la cama y puse una rodilla a cada lado de la cintura de Lars y lentamente me penetré con su polla erecta. El suspiro de placer que lanzó cuando se sintió dentro de mi era de puro embeleso y sonreí con picardía antes de alzarme para volver a sentarme de golpe sobre la verga.

Un grito involuntario se escapó de su garganta y acompañó al profundo suspiro que brotó de la mía cuando comenzamos a movernos al unísono. Nuestros cuerpos respondían con el mismo placer arrebatador ante el mutuo estímulo, moviéndose a un ritmo casi frenético. Y pronto no fuimos conscientes más que de la polla penetrando hasta lo más profundo de mi ser y los jugos derramándose por nuestros muslos dejando rastros de brillante humedad en la piel.

Después de un tiempo que no sería capaz de medir, me sentí inundada por una serie de intensos orgasmos y en ese mismo instante, Lars eyaculó con un ímpetu que desmentía su debilidad. Agotada, me tumbé a su lado, abrazándolo con fuerza y poco después, caí en un profundo sueño acunada por el fuerte latido de su corazón.
 
 
FIN DE LA PRIMERA PARTE
 
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jueves, 21 de marzo de 2013

LA AMAZONA


 
CAPÍTULO 13


Las escaleras estaban iluminadas por antorchas cuyas llamas proyectaban sombras que se retorcían formando figuras dantescas. Los escalones eran altos y estrechos y la superficie de la piedra estaba tan desgastada por los innumerables pies que la habían hollado que resultaba muy resbaladiza y nos obligaba a ascender despacio.  

Subimos durante mucho tiempo, siempre rodeados por los negros muros y sin que en ningún momento encontráramos la entrada a otras salas. Por fin, atisbamos una luz al final de la escalera de caracol y apresuramos la marcha. Sin embargo, antes de que pudiéramos alcanzar la última planta de la torre, un grito contenido de Rick nos detuvo. El joven estaba inclinado intentando quitarse la bota y Lars se agachó a su lado para ayudarlo.   
- ¿Qué ha pasado? – le preguntó a su hermano.  

- Algo se me ha clavado en el pie –contestó en un murmullo.  

Adru se acercó pronunciando un hechizo y al instante, una llama blanca brilló en su dedo índice iluminando las sombras que nos rodeaban.  

La planta del pie de Rick sangraba abundantemente y al mirar el suelo, pudimos ver una afilada hoja de hierro que sobresalía de una grieta.  

- Es otra de las trampas de ese maldito mago –dijo Lars con furia.  

- Será mejor que te vende el pie –dije sacando una camisa limpia de mi morral y haciendo tiras con ella.  

Después de terminar el improvisado vendaje, Lars le ayudó a ponerse la bota y continuamos avanzando con Rick apoyado en el hombro de su hermano. Ahora abría la marcha Adru acercando la llama de su dedo a los escalones para asegurarse de que no pisábamos ninguna otra de esas traicioneras hojas.   
Una vez que alcanzamos la última planta, vimos al fondo del pasillo una enorme puerta de bronce con dos grifos tallados en ella. Penetramos en el pasadizo intentando no hacer ruido y buscamos alguna otra puerta, pero sólo vimos la del fondo, así que nos encaminamos hacia allí.  

No habíamos dado más que un par de pasos cuando de las grietas de los muros empezaron a salir unos escarabajos de color rojo brillante y, en pocos instantes, inundaron el pasillo.  

- ¡No! –gritó Adru deteniendo a Rick que se disponía a pisar a uno de ellos- Son escarabajos de fuego y explotan si los pisas.   
Los escarabajos comenzaron a subir por nuestros pies quemando todo lo que encontraban a su paso. Los alejamos golpeándolos con las espadas pero eran demasiados y muy pronto nuestra ropa, hecha jirones, humeaba y la piel estaba enrojecida por las quemaduras.  

Un murmullo apenas imperceptible fue elevándose hasta convertirse en un conjuro que brotó de los labios de Adru transformado en un torrente de agua que arrastró a los escarabajos haciéndoles desaparecer por las mismas grietas por las que habían salido.  

- ¡Vamos! –nos instó Lars ayudando a su hermano a caminar. 

Con pasos cautelosos llegamos hasta la puerta y me disponía a empujarla cuando Adru me apartó.  

- ¡Atrás! –exclamó el mago enfrentándose con los grifos que habían cobrado vida y se abalanzaban sobre él.   
Adru invocó un escudo de fuerza y los demás atacamos con nuestras espadas pero sólo conseguimos abollar sus cuerpos de bronce.  
- ¡Malditos engendros! –gruñó Rick- ¿No hay forma de deshacerse de ellos?  

- La magia no sirve –respondió Adru que repelía los ataques con su escudo mágico- Hay que encontrar su punto débil.   
- Miyu, distrae a uno de ellos –dijo Lars en ese momento. 

- De acuerdo –asentí golpeando con toda la fuerza que pude al que estaba a mi derecha.   
 
Cuando el grifo de metal abrió la boca lanzado un graznido de furia, Lars le introdujo su espada dirigiéndola hacia arriba. La criatura se estremeció violentamente y luego, comenzó a salir de su boca un líquido verdoso que enseguida formó un charco a los pies de Lars. Unos instantes después, el grifo se derrumbó. 

- Tan perspicaz como siempre, hermano –sonrió Rick al tiempo que clavaba su espada en la garganta del otro grifo.  

- Supongo que es tarde para pillar al mago desprevenido –dije guiñando un ojo.  

- Jajaja –rió Rick- Moonshadow conoce nuestras intenciones desde hace mucho tiempo.  

- Entonces no le hagamos esperar más –dije empujando la puerta de bronce, ahora desprovista de adornos.   
Entramos en una amplia sala, cuyo elevado techo estaba sostenido por dos hileras de columnas de alabastro. El suelo era de mármol negro y en el centro estaba grabado un extraño símbolo que emitía una potente luz dorada, la cual era suficiente para iluminar toda la estancia. Junto al grabado había un pequeño pedestal con tres escalones y encima de un enorme trono de madera labrada con la forma de dos grifos iguales a los de la puerta, estaban sentadas dos figuras que parecían totalmente ajenas a nuestra presencia. No podían ser otros que Moonshadow y su amante Shiva, así que los observé atentamente.  

El mago era un joven de rostro sombrío pero de hermosas facciones. Poseía un cuerpo esbelto y fuerte que transmitía una sensación de poder casi palpable. En su regazo se encontraba una bellísima mujer-gato con un par de suaves orejas y una cola del mismo tono castaño oscuro de sus cabellos. Sus exuberantes formas sólo estaban cubiertas por un corpiño de cuero y unas botas del mismo material. Ambos jóvenes estaban besándose con pasión al tiempo que sus manos recorrían el cuerpo del otro
acariciando e introduciéndose en los rincones más íntimos.  
Pasaron algunos minutos y ninguno de los dos se dignó a mirar en nuestra dirección hasta que Rick, enfurecido, avanzó un paso.  
- He venido a reclamar lo que me prometiste –dijo con firmeza y su voz resonó en toda la sala.   
 
Lentamente, Moonshadow despegó los labios de los de su amante y miró al hermano de Lars.   
- Eres muy osado viniendo a hacerme reclamaciones –dijo el mago con tono plácido mientras la mujer-gato le lamía el cuello y la barbilla con lascivia.   
- Sólo pido lo que es justo –replicó Rick impasible.  
- Yo soy el único que puede decidir qué es justo –recalcó Moonshadow con voz helada.   
 
- ¡Maldito seas! –gritó Rick alzando la espada y avanzando hacia el mago. 

Éste levantó la mano con un gesto lánguido y una ráfaga de dardos llameantes volaron en dirección al joven. Afortunadamente, se estrellaron contra el escudo protector que Adru se apresuró a invocar. 

- Parece que vamos a divertirnos un rato, Shiva –dijo Moonshadow a su amante con una sonrisa irónica. Luego, salmodió un conjuro y del símbolo grabado en el suelo surgieron cuatro ghouls de aspecto terrorífico.  
- ¡Cuidado! –grité colocándome al lado de Lars y atacando al más cercano de los espectros.  
Las espadas chocaban contra la carne correosa de los ghouls sin producirles el menor daño y ellos avanzaban inexorablemente arrinconándonos contra las columnas.
Sabía que en poco tiempo estaríamos demasiado cansados para poder repelerles así que de una poderosa patada alejé al que me acosaba, cogí la ballesta que colgaba de mi cinturón y la cargué con uno de los dardos de madera de tejo y plata. Disparé contra el ghoul que atacaba a Lars y retrocedió unos pasos. Sin embargo, después de un momento, se arrancó el dardo y siguió avanzando como si se hubiera tratado de la picadura de un mosquito.   
Estaba cargando de nuevo la ballesta cuando cuatro manos de piedra surgieron del suelo y me inmovilizaron sujetándome las piernas y los brazos.  
Impotente contemplé cómo los ghouls rodeaban a mis tres compañeros y los sujetaban con sus poderosas garras. Entonces, se volvieron hacia su amo esperando sus órdenes.   
- Adelante... –empezó a decir el mago pero Shiva lo interrumpió tocándole el brazo.  

- Quiero divertirme con ése –dijo señalando a Lars.  

- Jajaja –rió el mago asintiendo- Soltadlo.   
Los ghouls dejaron libre a Lars y lanzaron su hálito ponzoñoso sobre Adru y Rick. Frente a los ojos horrorizados del astrólogo, el cuerpo de ambos jóvenes comenzó a petrificarse y en pocos segundos la carne se convirtió en inerte piedra.   
- ¡No! –gritó mi amante cayendo de rodillas junto a su hermano.  
La mujer-gato se acercó a él moviéndose como una hermosa pantera y le acarició suavemente la espalda.   
- Llevas demasiada ropa –le susurró al oído pasándole la lengua por la oreja.

Después sacó sus garras retráctiles y le rasgó la casaca marcando en su espalda cuatro surcos sangrientos.   
Lars retrocedió y empuñó la espada para enfrentarse a Shiva.  
 
- Eres un muchachito rebelde –rió la gata esquivando fácilmente los ataques del joven.   
La mujer-gato continuó jugando con mi amante, arrancándole los harapos en que se había convertido su ropa, mientras yo observaba llena de rabia. Aún sostenía la ballesta cargada y haciendo un esfuerzo supremo conseguí mover el brazo para apuntar a Shiva. La saeta voló rauda pero antes de llegar a su objetivo, cayó al suelo.   
- Eso no se hace –dijo Moonshadow acercándose a mí y quitándome la ballesta- Ese joven debe ser muy importante para que hayas conseguido moverte.   
- Eso a ti no te importa –dije sin mirarle. Mi atención seguía prendida en Lars y Shiva.  
La amante del mago había desarmado al joven y le había desnudado por completo dejando su cuerpo lleno de arañazos en el proceso. Ahora, estaba encima de él lamiéndole como una pantera que estuviera degustando su presa antes de devorarla.  
- Por supuesto que no me importa –sonrió Moonshadow- Pero me gusta que me presten atención.   
Con un gesto de su mano mis ropas se convirtieron en ceniza que se deslizó hasta el suelo formando un montoncito gris a sus pies. De algún lugar recóndito de sus vestiduras sacó una daga de plata que brilló amenazadora.   
- Nunca había tenido a una amazona en mi poder –dijo en un susurro- Sois guerreras demasiado fieras para que alguien consiga doblegaros.   
- Tienes razón –dije con orgullo- Y tú tampoco lo vas a conseguir.   
- ¿Estás segura? –sonrió con malicia- Serías una hermosa guardaespaldas.   
- Nunca te serviré, mago.   
- Veremos –dijo con un tono que me heló la sangre y empezó a pasar la daga por mi cuerpo, recorriendo mis pechos con ella y pinchando suavemente los pezones que involuntariamente se endurecieron.   
Después, me hizo una herida en uno de los senos, en el mismo sitio en que, hacía algún tiempo, la arpía me clavó sus garras, y observó cómo la sangre comenzaba a deslizarse por mi piel.   
- ¿Y si probara tu sangre, amazona? –sonrió el mago pasándose la lengua por los labios.   
- No tendría ninguna importancia –contesté con voz tranquila- Has llegado demasiado tarde.   
Moonshadow me miró sorprendido un instante pero luego desvió la vista hacia Lars y volvió a sonreír.   
- Me asombra que hayas entregado ese inapreciable regalo a alguien tan insignificante –movió la cabeza con fingida consternación- pero no representa ningún problema porque está a punto de morir.   
 
Miré a Lars y vi cómo Shiva le lamía la polla hasta ponérsela dura y después, se sentaba sobre ella, clavándosela hasta el fondo. Las caderas subían y bajaban con movimientos voluptuosos, mientras sus manos, a veces acariciaban su piel y otras la rasgaban con sus afiladas uñas.  
Los gritos de dolor, mezclados con los gemidos de placer, escapaban de los labios de Lars cada vez que Shiva hundía sus poderosos colmillos en la carne indefensa del joven astrólogo. Estaba segura de que era inútil suplicar al mago por la vida de Lars así que me negué a darle ese placer.  
-¿Crees que el vínculo es tan fácil de forjar? –le pregunté en cambio- Sólo funciona cuando una amazona lo otorga libremente.  
- Conseguiré que desees entregármelo, amazona – contestó Moonshadow con voz segura.   
Deslizó su mano por mi cuerpo hasta llegar al pubis y comenzó a masturbarme al mismo tiempo que sus labios se cerraban sobre uno de mis pezones. 

- No vas a lograr nada –dije con desprecio.   
- ¿Y si te prometo mantener con vida a tu amante?  
- Mientes. En cuanto consiguieses tus propósitos, le matarías –dije poseída por la ira- Además, sólo puede haber un vínculo.  
- Mi poder va más allá del que hayas podido conocer nunca –dijo sin dejar de acariciar mi clítoris- Podría romper el lazo que te ata al joven y ya no sería necesario que muriera...  
Mientras esas insidiosas palabras hacían mella en mi mente, miré una vez más a Lars que se debatía preso de la exquisita tortura de Shiva y una lágrima se deslizó silenciosa por mi mejilla.  
- Yo...


lunes, 18 de marzo de 2013

LA AMAZONA


 CAPÍTULO 12
 

Me abroché la camisa blanca y de un manotazo espanté a Egj que parecía decidido a colarse por mi escote.

- Pensé que nos había llegado la última hora –dije lanzando un suspiro de alivio.

- Cuando caísteis al vacío la losa volvió a cerrarse y nos costó mucho abrirla de nuevo –nos explicó Adru.

Mientras el joven mago hablaba, Lars estaba intentando abrocharse los pantalones con disimulo.

- Vaya, Lars, tú aprovechas cualquier oportunidad, ¿eh? –dijo Egj revoloteando delante de su nariz.

- Hum –gruñó mi amante dándole la espalda para ocultar una vez más su rostro enrojecido.

- Será mejor que salgamos de aquí cuanto antes y pisad sólo donde yo pise –dije golpeando con fuerza el suelo con el pomo de mi espada antes de avanzar.

Por fin llegamos sin incidentes a la sala de la esfera armilar y nos detuvimos junto a ella para planear nuestros siguientes movimientos.

Lars, como la otra vez, se quedó ensimismado observando la esfera y pasando suavemente los dedos por su brillante superficie mientras el pequeño fuego fatuo se divertía volando entre los anillos.

En ese momento, un ruido en las escaleras nos sobresaltó y vimos aparecer por el arco de la puerta a un joven moreno empuñando una espada. De un par de zancadas me planté a su lado y alcé mi propia espada pero alguien tiró de mi brazo para que la bajara.   
- ¡Rick! –gritó Lars poniéndose delante de mí- Al fin te encuentro.

- ¡Cuidado! –exclamé empujando al joven y parando la estocada del desconocido con mi espada.

- ¿Te has vuelto loco? –gritó Lars desde el suelo- ¿Es que no me reconoces?

- No sé quién eres –respondió el otro con voz fría como el hielo- Y tampoco me importa.

- Está bajo un conjuro –intervino Adru acercándose seguido de Egj y Sara.

- ¿Puedes hacer algo? –preguntó Lars al mago.

- No tengo poder para anular los hechizos de Moonshadow, ya te lo dije –repuso Adru frunciendo las cejas.

- ¿Y tú, Egj? –se volvió desesperado hacia el pequeño fuego fatuo.

- Ejem... puedo intentarlo –dijo vacilante- Pero antes quitadle la espada.

El hermano de Lars esperaba impasible con la espada a medio alzar, como si fuera una hermosa estatua de bronce, y la mirada nublada por la magia.

- No pelees con mi hermano –dijo Lars al ver que me disponía a obedecer a Egj.

- No voy a hacerle daño –le dije indignada- ¿Es que no confías en mí?

Lars miró a Rick con inquietud y luego asintió lentamente.

Crucé mi acero con el de su hermano y enseguida me di cuenta de que era un espadachín formidable y que me iba a costar derrotarlo.

- ¿Por qué luchas contra nosotros? –le pregunté para distraerle – Hemos venido a ayudarte.

- Sois enemigos de Moonshadow –respondió con voz monocorde.

- Moonshadow te ha hechizado –continué hablando a la vez que esquivaba sus estocadas intentando cansarlo- ¿No te das cuenta de que ni siquiera reconoces a tu propio hermano?

Rick desvió un instante la mirada hacia Lars y aproveché para desarmarlo.

- ¡Ahora, Egj!

El fuego fatuo voló hasta el hechizado joven y se posó sobre su hombro colocando sus diminutas manos sobre su cuello. Un pequeño halo de magia dorada se desprendió de sus dedos y luego se apagó.

- ¿Ha funcionado? –pregunté colocando mi pie sobre la espada caída.

- Creo que...

Un fuerte manotazo de Rick impidió que terminara la frase lanzándolo lejos de él. Sin embargo, antes de que el frágil cuerpo del fuego fatuo chocara contra el suelo de piedra, Kiba saltó y recogió a Egj en el aire como si fuera un muñeco de trapo.

- Uff, evidentemente, no –resoplé- ¿Estás bien, pequeño?

- Puaj, aparte de estar lleno de babas, creo que sí –respondió el fuego fatuo cuando el lobo plateado lo dejó sobre el suelo con suavidad.

- Eh, no te quejes tanto –le regañó Adru inclinándose para darle un pañuelo- Gracias a él no te has roto ningún hueso, pequeño desagradecido.

- Y ahora, ¿qué hacemos? –pregunté frustrada.

- Yo lo conozco –dijo la dríada, de pronto, señalando a Rick- Siempre ha sido bueno conmigo y mis hermanas.

- Dijiste que no lo conocías –dije con tono de reproche.

- Es que no sabía que Rick era su verdadero nombre –explicó Sara- Moonshadow le llama Psycho.

Mientras nosotros discutíamos, Lars se acercó a su hermano y le miró fijamente a los ojos.   
- No puedes haber olvidado todo –dijo con voz suave- ¿Ni siquiera recuerdas esto?

Sacó de debajo de su camisa un colgante con la forma de una serpiente que se mordía la cola y con un rápido movimiento dejó a la vista otro igual que colgaba del cuello de Rick.  
Cuando los dos colgantes estuvieron juntos, una de las serpientes se separó de la cola y se entrelazó con la otra para formar un solo colgante. En ese momento, surgieron dos serpientes de luz que rodearon a los dos hermanos, envolviéndolos en un blanco resplandor que nos impidió verlos con nitidez.  
Al cabo de unos instantes, el resplandor se apagó y los colgantes volvieron a estar separados. Rick sacudió la cabeza como si despertara de un sueño y luego abrazó a su hermano con fuerza.

- ¿Qué haces aquí, Lars? –preguntó cuando se separaron.

- He venido a buscarte –respondió su hermano con una sonrisa- No debiste irte sin mí.

- Lo siento, Lars, pero no quería que mis deseos de venganza te pusieran en peligro.

- Lo sé –asintió el joven astrólogo- Pero a partir de ahora no harás nada sin mí.

Antes de que empezaran a recordar viejos tiempos, me acerqué a los dos hermanos.

- Lamento interrumpir, pero me gustaría saber qué son esas cosas –dije señalando los colgantes.

- No estoy seguro –respondió Lars mirando el suyo- Los tenemos desde siempre.

- ¿Qué quieres decir?

- Cuando apenas teníamos unos días de existencia, nos abandonaron en la entrada del templo de los Guardianes de la Fe con esos colgantes en el cuello. Nunca hemos sabido qué significan.

- Vaya, qué curioso –murmuré pensativa.

- ¿Puedo verlos? –preguntó Adru con curiosidad.

Lars le entregó el suyo y el mago estuvo observándolo durante un rato totalmente concentrado en las elegantes líneas de la serpiente tallada en plata.

- Posee una magia desconocida para mí pero muy poderosa –dijo finalmente devolviéndole el colgante a su dueño.

- Bueno, ya que has encontrado a tu hermano podemos irnos de aquí –dije a Lars alegremente.

- Yo no me voy sin lo que vine a buscar –dijo Rick con tono firme.

- Dijisteis que nos ayudaríais a escapar a mis hermanas y a mí –dijo Sara casi al mismo tiempo.

- Uff, ¿alguna cosa más? –pregunté sarcástica.

- Por el momento, creo que es todo –respondió Lars con una amplia sonrisa.

Le eché una mirada asesina antes de recoger la espada de Rick para entregársela.

- Te hará falta esto si piensas ir a reclamar el pago de tus servicios al mago negro.

- ¡No vayas, Psycho! –rogó Sara abrazándose a él- No quiero que te suceda nada malo.

- Tranquilízate, Sara –dijo el joven acariciando su espalda con suavidad- Antes de enfrentarme a Moonshadow me aseguraré que tú y tus hermanas estéis a salvo.

- Pero temo por ti. Has sido muy bueno con nosotras y yo...

Rick se inclinó y la besó con ternura.

- Todo irá bien, Sara. Te lo prometo.

- Yo voy contigo, Rick –dijo Lars poniéndole la mano en el hombro.

- Ya me imaginaba que dirías eso –refunfuñé mientras me ajustaba el cinturón y comprobaba que aún tenía los dardos de la ballesta.

- Nosotros también os acompañaremos –dijo entonces Adru al tiempo que Egj asentía desde su hombro.

- Bueno, si estamos todos de acuerdo, lo primero será rescatar a las hermanas de Sara –dije mirando a la hermosa dríada- ¿Qué camino hay que tomar?

- Por las escaleras –respondió Sara señalando los escalones en penumbra- Ahora están en las cocinas preparando el banquete de esta noche para los invitados de Moonshadow.

- Muy bien. Vamos allá –dije comenzando a subir las escaleras con cautela.

Los demás me siguieron en silencio y en unos segundos alcanzamos la primera planta. Me volví para interrogar a Sara con la mirada y ella asintió señalando el amplio pasillo que se abría a la derecha.

- ¿Están vigiladas? –la pregunté en voz baja.

- Eh... no –dijo Sara tras una breve vacilación.

La miré de reojo con un poco de desconfianza y comencé a recorrer el pasillo con rapidez. Al final del corredor había un arco de medio punto cerrado por dos pesadas puertas de madera. Empujé con fuerza y las puertas cedieron sin el menor ruido. Al otro lado...

El asombro me paralizó. La luz del sol iluminaba una pradera cuajada de flores rojas, amarillas y violetas. Al fondo podía ver los acantilados grisáceos que bordeaban el mar azul oscuro y cubriendo toda la zona norte un frondoso bosque de hayas y robles.

Lo reconocí al instante, era el lugar donde nací, el recóndito bosque de las amazonas. Di un paso dubitativo y noté el frescor de la hierba en mis pies desnudos, miré hacia abajo y vi que sólo llevaba una túnica blanca y tan fina que permitía atisbar cada línea de mi cuerpo. En ese momento, dos manos grandes y fuertes se apoyaron sobre mis senos y empezaron a acariciarlos; enseguida reconocí al hombre al que pertenecían y el placer me envolvió.

Sus labios ardientes recorrieron mi piel con avidez pero con detenimiento, como un experto alquimista que esperara el momento justo antes de mezclar las mixturas.

Sin duda, era un maestro en ése y en muchos otros artes y conseguía que mi cuerpo respondiera a sus caricias igual que si fuera una espada templada al fuego.

Mis labios temblorosos pronunciaron un nombre que brotó como un suspiro: Muad...  cuando su polla grande y dura me rozó la cara interior de los muslos antes de penetrar en mi vagina. Las caderas se elevaron en un espasmo de placer incontrolado al sentirme llena por completo y comenzaron a moverse al mismo ritmo de sus embestidas.

Estaba a punto de llegar al orgasmo cuando me di cuenta de que algo había cambiado. Las manos que me acariciaban eran más pequeñas y torpes que las otras y el pene que se movía en mi interior tampoco era el mismo de antes. Sin embargo, la sensación era igual de placentera y un sentimiento de ternura me invadió. Deseaba ser poseída por ese joven inexperto porque sentía por él algo que aún no me atrevía a poner en palabras. Así que sólo le abracé y respondí a su pasión con igual ardor.

Apreté las piernas en torno a sus caderas y le ayudé a penetrar más profundamente en mí, mientras mis manos le acariciaban los cabellos, la espalda, las nalgas...

Estábamos entregados el uno al otro en cuerpo y alma y parecía que nada podría hacer que nos separáramos hasta consumar nuestra unión pero algo en mi interior me avisó que no podía seguir allí por más tiempo.

Abrí los ojos y me encontré en una sala llena de fogones con ollas hirviendo y con un extraño joven delante de mí. Desenfundé la espada para amenazarlo pero una bellísima dríada con los cabellos del mismo tono rojo de las hojas en otoño se colocó delante de él para protegerlo con su propio cuerpo.

- ¡No le hagas daño! –gritó con desesperación.

- ¿Es otro hechicero? –pregunté sin apartar la espada.

- No, es un sensitivo –dijo Sara a mi espalda- Sólo intentaba proteger a mis hermanas.

Miré al joven con atención y entonces me di cuenta de que Sara decía la verdad.

Dos peludas orejas de zorro sobresalían de su cabeza y sus ojos reflejaban las llamas de los fogones con un brillo rojizo.

- ¿Y qué hace aquí? –preguntó Lars acercándose a él.

- Es otro esclavo de Moonshadow –respondió la joven dríada de cabellos rojos- Se llama Kyo.

- Pues parece que vosotros dos os lleváis muy bien, ¿eh? –dijo una vocecilla por encima de nuestras cabezas.

El sensitivo enrojeció violentamente ante las palabras de Egj, mientras la dríada dejaba oír su melodiosa risa.

- ¿Pero qué fue lo que te hizo? –me preguntó Lars- Parecías completamente paralizada.

- Mmm, fue algo muy extraño –murmuré evasivamente.

- Kyo posee el poder de la empatía –dijo la hermana de Sara- Es capaz de recrear los deseos más profundos de las personas que están cerca de él.

Al oír las palabras de la dríada noté que se me subían los colores por primera vez en mucho tiempo y les di la espalda con disimulo.

- ¿Puedo saber tu nombre? –preguntó Lars a la joven.

- Me llamo Zaphkiel –respondió la dríada que había cogido a Kyo de la mano.

- Encantado de conocerte, Zaphkiel –respondió galante el astrólogo- ¿Y tus hermanas?

- Están aquí –dijo Sara que había entrado en una sala contigua y regresaba seguida de otras tres dríadas de insuperable belleza.

Una de ellas tenía los cabellos del color plateado de las hojas de los sauces y su gesto era decidido cuando se acercó a nosotros.

- Me ha dicho Sara que vais a sacarnos de aquí –dijo mirando a Adru- ¿Es cierto?

El joven mago pareció quedarse mudo ante la belleza de la dríada y tardó un momento en contestar.

- Sí, es cierto –dijo después de unos instantes.

- Tú eres un mago igual que Moonshadow, ¿verdad? –siguió preguntando la muchacha sin ningún rastro de timidez.

- Así es.

- ¿Y qué nos pedirás a cambio?  

- ¡Galaxy! –exclamó Sara con tono de reproche- Adru ha prometido ayudarnos desinteresadamente.

Su hermana la miró un momento y pareció a punto de discutir, pero finalmente hizo un gesto de asentimiento sin decir nada más.

- Bueno, ya habéis conocido a la más joven de mis hermanas –dijo Sara con una sonrisa y una mueca resignada- Ahora dejadme que os presente a Nanaka y a Aya.

Las dos jóvenes eran tan hermosas como sus hermanas pero Nanaka tenía el cabello de un brillante tono dorado mientras que el de Aya era del color de la madera de roble.

- Me alegro de conoceros a todas –dije algo impaciente- Pero tenemos que darnos prisa, si queremos sacaros de aquí sanas y salvas.

- El mejor momento para que escapen será cuando nos enfrentemos a Moonshadow –dijo Lars con astucia- No tendrá tiempo de perseguirlas.

- Buena idea, Lars –sonrió Rick palmeándole la espalda con afecto- Veo que tu cerebro sigue funcionando tan bien como siempre.

- Tienes razón –asentí a mi vez- Entonces tendremos que dividirnos. Alguien tiene que ayudar a salir de la torre a las dríadas.

- Yo puedo acompañarlas –dijo Kyo de inmediato.

- Jajaja, por supuesto, pequeño –dije divertida- Así también podrás escapar tú.

- Bueno... no lo dije por eso –dijo enrojeciendo otra vez.

- Lo sé –respondí con tono amable- Quieres proteger a Zaphkiel, ¿verdad?

El joven sonrió y luego asintió con la cabeza mirando con adoración a su amada dríada.

- Está bien –dijo Adru sonriendo también- Tú irás con las dríadas para protegerlas y también Egj porque él tiene que abrir la puerta de la torre con su magia.

- Creo que Kiba podrá ser de ayuda si va con vosotros –dije por último acariciando la suave piel del lobo- Entonces ya está todo decidido.

- Ten cuidado –dijo Sara apretando la mano de Rick y depositando un dulce beso sobre sus labios.

- Lo tendré –sonrió el joven guerrero- Mucha suerte a todos.

Vimos como se alejaba el grupo y después comenzamos a subir las escaleras para enfrentarnos al poderoso mago.


miércoles, 13 de marzo de 2013

LA AMAZONA



CAPÍTULO 11


Recorrimos el pasillo en dirección contraria hasta llegar a la sala donde nos habíamos separado y entramos en el pasadizo de la derecha para reunirnos con Adru y Egj.

A medida que avanzábamos por el oscuro corredor, los muros iban estrechándose hasta que no tuvimos más remedio que ir uno detrás del otro, con Kiba vigilando la retaguardia.

Después de unos momentos de angustia en los que creí que iba a quedarme atascada entre las angostas paredes, el pasadizo desembocó en una sala circular en cuyo centro había una enorme esfera armilar y junto a ella estaban Adru y Egj acompañados de una hermosa dríada.  
- ¿Quién es? –pregunté desconfiada señalando a la joven.

- Se llama Sara y es una de las esclavas de Moonshadow –respondió Adru.

Me acerqué más a la dríada para asegurarme que no llevaba ningún arma escondida y ella se encogió y se agarró al brazo del mago.

- Tranquila –dijo Adru acariciando los brillantes cabellos verdes de la dríada- Miyu, la estás asustando.

- Uff –resoplé- ¿Y si es una de las trampas de Moonshadow? Entonces los que nos vamos a asustar seremos nosotros.

- Nos va a indicar el camino para llegar hasta el mago negro –dijo Egj revoloteando por encima de nuestras cabezas.

- ¿Y por qué quiere ayudarnos? –pregunté suspicaz.

- Porque le prometí que la liberaríamos de la esclavitud y podría volver a su amado bosque- dijo Adru que había pasado el brazo por encima de los hombros de la joven.

- ¡Oh, no! –suspiré exasperada- Por lo que veo hay otra alma caritativa en el grupo.

- Venga, Miyu –intervino Lars que hasta entonces había estado observando fascinado la esfera- La dríada puede sernos muy útil como guía.

- Está bien –accedí a regañadientes- Pero voy a vigilarla muy estrechamente.

- ¿Qué camino debemos tomar? –preguntó Lars a Sara mirando a su alrededor.

La cámara tenía dos salidas más aparte del estrecho pasadizo por el habíamos venido. Una de ellas conducía a unas escaleras de caracol apenas iluminadas y la otra llevaba a una especie de bodega llena de toneles y enormes tinajas de barro.

La muchacha pareció dudar y luego señaló vacilante la bodega.  

- Tú primero –le dije haciéndole un gesto para que entrara.

Sara miró a Adru un momento y luego le soltó el brazo y avanzó lentamente. Los demás la seguimos a unos pasos de distancia.

La bodega estaba construida con enormes bloques de piedra gris y el techo era tan bajo que mi cabeza casi rozaba contra él. Las paredes estaban recubiertas de estanterías llenas de redomas y frascos con extrañas criaturas flotando en formol.
Delante de las repisas, en ordenadas hileras , había toneles de madera y bronce y tinajas de barro cocido que contenían líquidos burbujeantes.

La dríada caminó con lentitud hasta que llegó al centro de la cámara y entonces se detuvo inclinando la cabeza como si esperase oír algo.

- ¡Atentos! –grité desenvainando la espada.

En ese momento se oyó un borboteo proveniente de las tinajas y comenzaron a salir unas horribles criaturas de ellas.

Sus formas eran apenas humanas; tenían cuatro tentáculos a modo de brazos y la piel, áspera y grisácea, estaba cubierta por pelos negros y duros como púas.

De una zancada me coloqué al lado del más cercano y le clavé la espada en medio del cuerpo pero no derramó sangre y ni siquiera pareció notar la herida. Solamente se encogió un poco, luego contrajo los músculos y un puñado de pelos tan afilados como dardos salieron volando en todas direcciones.

- ¡Cuidado! –grité al tiempo que me apartaba para no ser alcanzada por los proyectiles. La mayoría pasaron sin rozarme pero uno se quedó incrustado en la casaca de cuero que protegía mi pecho.

Miré hacia donde estaban los otros para comprobar que ninguno estaba herido y vi a Lars enfrentándose a uno de ellos con la espada.

- Córtale la cabeza- le dije al tiempo que cercenaba la de la criatura que estaba a mi lado. La cabeza cayó al suelo pero el cuerpo siguió moviéndose y lanzando sus peligrosas púas.

- Acercaos todos –dijo de pronto el mago con calma.

Cuando estuvimos junto a él, comenzó a recitar un conjuro. Enseguida unas llamas brotaron del suelo y a un gesto de Adru envolvieron a las criaturas de barro. En cuestión de segundos se disolvieron y sólo quedó una espesa masa de color gris allí donde antes había estado cada uno de los monstruos.

- Un hechizo estupendo, Adru –dije sonriendo al joven mago.

- Sólo el fuego puede acabar con los brocos –respondió.

- Adru es el mejor –sonrió Egj saliendo de uno de los bolsillos de la túnica del mago.

- Gracias pero aún tengo mucho que aprender –murmuró Adru ruborizándose.  
Luego, se fijó en la púa que tenía clavada en la coraza de cuero y la arrancó con cuidado.

- ¿Te ha herido? –me preguntó con inquietud.

- No, no ha llegado a rozarme siquiera.

- Menos mal –suspiró aliviado- Segregan un veneno muy poderoso.

La dríada que había permanecido acurrucada detrás de un barril se levantó entonces e intentó alejarse en silencio

- Detenla, Kiba –le dije al lobo plateado y él corrió hasta Sara y la sujetó de la raída túnica con los dientes.

- Tienes que explicarnos un par de cosas, dríada –le dije en tono duro acercándome a ella.

- Yo... –una lágrima se deslizó por la mejilla olivácea de la joven- No me hagas daño.

- ¿Has intentado que cayéramos en una trampa? –le preguntó Adru con tono dolido.

- Lo siento –sollozó la dríada- No quería hacerlo pero...

- Pero, ¿qué? –pregunté sujetándola del brazo con fuerza.

- Tengo que obedecerlo o matará a mis hermanas.

- ¿Tus hermanas? –inquirió Lars acercándose- ¿Cuántas sois?

- Somos cinco –contestó la muchacha limpiándose los ojos con la manga mugrienta- Hace casi seis meses, una banda de orcos atacó nuestro bosque y nos hizo prisioneras. A mis hermanas y a mí nos vendieron a Moonshadow, de las demás no sé nada.

- No tengas miedo, pequeña –la consoló Adru tomándola en sus brazos- No vamos a reprocharte nada.  
La muchacha se apretó contra él dejando salir junto a las lágrimas toda la desesperación acumulada durantes esos meses de esclavitud.

- Uff, no tenemos tiempo para eso –gruñí mirando a la pareja con impaciencia- Será mejor que nos indiques el camino correcto.

Sara se separó del mago y asintió.

- Sus aposentos están al final de la escalera –dijo señalando hacia el otro extremo de la bodega- Pero si se entera de que os lo he dicho nos matará a mis hermanas y a mí.

- No lo sabrá –le aseguró Lars con voz calmada- Sólo queremos saber el paradero de una persona, y a lo mejor tú puedes ayudarnos.

- ¿A quién buscáis?

- A mi hermano Rick.  
- No conozco a nadie con ese nombre –dijo después de pensarlo un momento- Pero apenas he visto a nadie en la torre aparte de Moonshadow y Shiva.

- ¿Quién es Shiva? –preguntó Lars.

- Es su amante.

- Sí, he oído hablar de ella –confirmó Adru- Y por lo que dicen es alguien realmente fascinante.

- Será mejor que nos demos prisa – les interrumpí echando a andar hacia la entrada de la bodega- No quiero más sorpresas.

Sólo había dado un par de pasos cuando el suelo de piedra se abrió a mis pies.

- ¡Miyu! –exclamó Lars sujetándome de la casaca pero mi peso fue excesivo para él y ambos nos precipitamos en el vacío.

Mientras caíamos puede ver una plataforma de piedra que sobresalía de una de las paredes del pozo y giré mi cuerpo en el aire para caer sobre ella. Al mismo tiempo sujeté a Lars de la muñeca y cuando caí sobre la sólida roca tiré de él hasta que estuvo a salvo junto a mí.

- Nos hemos salvado por los pelos –suspiré secándome el sudor de la frente- Pero no sé cómo vamos a salir de aquí.

- Quizá puedan ayudarnos desde arriba.

- Desde aquí no se ve la abertura por la que caímos así que no creo que ellos puedan vernos a nosotros –dije escrutando las tinieblas que nos envolvían- Esperemos que nos oigan por lo menos.

Nos pusimos a gritar para llamar la atención de nuestros amigos, pero nadie respondió y después de un rato, desistimos en nuestro empeño.

- No te preocupes, tarde o temprano se les ocurrirá alguna forma de ayudarnos – intenté animar a mi compañero.

- Sí, claro –contestó Lars poco convencido- Eso si no han creído que hemos muerto.

No supe qué contestar, así que guardé silencio hasta que un resplandor rojizo en el fondo de la sima me llamó la atención y me acerqué al borde de la plataforma para averiguar de qué se trataba.

- Creo que es algo parecido al magma –dije después de un momento- Y el nivel está ascendiendo rápidamente.

- Es verdad –asintió el joven- Estoy empezando a sentir el calor.

La masa ígnea subía con bastante rapidez y calculé que tardaría menos de quince minutos en alcanzarnos. El calor comenzaba a ser sofocante y el sudor me resbalaba por la espalda así que me quité la casaca y la camisa blanca que llevaba debajo. 
- ¿Crees que podríamos emplear el tiempo que nos queda en algo que merezca la pena? –le pregunté a Lars alzando una ceja. 

Él me miró sorprendido pero enseguida una lenta sonrisa apareció en sus labios antes de apretarlos contra los míos en un apasionado beso.

 En un par de segundos los dos estuvimos desnudos y nos abrazamos haciendo que el sudor que cubría nuestros cuerpos se mezclara. Lamí su cuello con deleite y paladeé el sabor salado de su piel mientras sus manos acariciaban con ternura mis pechos. Sabía que nos quedaba poco tiempo así que me propuse hacerle olvidar que dentro de unos minutos, el ardiente magma nos sepultaría. 
Tomé su polla, que estaba muy caliente y resbaladiza, y comencé a frotarla con firmeza al tiempo que apretaba y tironeaba con suavidad de los testículos. Cuando el pene comenzó a erguirse, me lo metí en la boca y me puse a chuparlo al tiempo que le daba golpecitos con la lengua en la punta. Enseguida se endureció y entonces lo saqué y me tumbé de espaldas sobre la roca caliente abriendo las piernas y doblando las rodillas para facilitar a Lars la más profunda penetración. 

El calor se había vuelto asfixiante y nuestros cuerpos bañados de sudor parecían arder cuando el joven se apoyó sobre mi y me penetró con suavidad. Comenzó a follarme con movimientos lentos y profundos mientras yo le acariciaba las nalgas arañándole levemente. 

 Luego, apoyé dos dedos en su ano y comencé a moverlos haciendo un suave masaje circular hasta que noté que incrementaba el ritmo de sus embestidas y entonces, los introduje en su interior presionando su punto de placer. Después de apretar un par de veces más, Lars eyaculó y yo me corrí casi al momento con uno de los orgamos más intensos que había sentido nunca. 

Por fin, mi amante se tumbó sobre mí exhausto y yo lo abracé con fuerza sabiendo que el calor abrasador del magma estaba a punto de alcanzarnos. 

- Lars... –susurré a su oído- Quiero decirte que yo... 

El extremo de una cuerda que cayó sobre mi cabeza me interrumpió. Miré hacia arriba y vi que había un rectángulo de luz en medio de la oscuridad desde el que habían arrojado la cuerda. 

- ¡Rápido, Lars! –exclamé- Vístete que, después de todo, no vamos a morir hoy. 

Lars miró la cuerda y luego, comenzó a vestirse a toda velocidad. En pocos segundos, ambos estábamos de nuevo en la bodega con las ropas a medio poner y un sospechoso rubor en el rostro de Lars.


sábado, 9 de marzo de 2013

LA AMAZONA


 
CAPÍTULO 10
 
 
La oscuridad era casi total en el interior de la torre de Moonshadow. Sólo el resplandor dorado que emitía el fuego fatuo nos permitía atisbar el largo pasillo que se abría ante nosotros.

Avanzamos despacio y en silencio durante unos metros y después de doblar un recodo llegamos a una sala iluminada con una especie de enormes hongos fosforescentes. Las paredes de piedra rezumaban humedad y estaban cubiertas por líquenes de color amarillo y plateado. Al fondo de la sala se abrían tres pasadizos en penumbra y me acerqué al primero de ellos para intentar averiguar a dónde podía
conducir.

- Creo que será mejor que nos separemos –dije después de un momento. Los tres pasadizos parecían iguales y era imposible saber cuál de ellos nos llevaría hasta Moonshadow-. El que encuentre el camino correcto, avisará a los demás y esperará a que se reúnan con él.

- ¿Y cómo vamos a avisar a los demás? –preguntó Lars alzando las cejas.

- Adru no tendrá ningún problema –dije mirando sonriente al joven mago- Seguro que puede informarnos con alguno de sus hechizos.

Adru asintió guiñándole un ojo a Lars.

- Kiba irá contigo y así podrás mandarlo a buscarnos si es necesario. Y yo me las puedo arreglar sola, así que no te preocupes.

Lars me miró un poco escéptico pero hizo un gesto de asentimiento.

- Buena suerte a todos –me despedí antes de entrar en el pasadizo que había a la izquierda. Lars y Kiba tomaron el del centro y Adru y Egj el de la derecha.

Caminé en silencio sobre los adoquines desiguales del pasillo durante diez minutos aproximadamente. La luz tenue de los hongos fosforescentes que crecían entre los muros era más que suficiente para mi aguzada vista de amazona y mis pasos eran rápidos a pesar de que sabía que tenía que ser cauta en un lugar tan peligroso como éste. Llevaba la espada desenfundada y estaba atenta para escuchar el más ligero ruido que pudiera indicarme si algún enemigo me estaba aguardando en alguno de los recodos del pasillo.

Al entrar en una amplia cámara abovedada, de pronto todo se oscureció y me quedé en medio de las más impenetrables tinieblas. Era tan profunda la negrura que me rodeaba que ni siquiera mi vista, muy superior a la de cualquier humano, era capaz de atravesarla. Tampoco oía ningún sonido y me encontré totalmente desorientada. La sensación se hizo opresiva, me parecía que el aire se hacía cada vez más espeso y mis movimientos se volvieron lentos y dolorosos.   
Nunca me había sentido tan indefensa, sin poder guiarme por mis sentidos y completamente a merced de mis enemigos. El sudor empezó a deslizarse por mi espalda cuando sentí que unas manos invisibles comenzaban a acariciar mis senos.

Moví la espada en círculo intentando herir al dueño de ellas pero sólo atravesó el aire, mientras las manos continuaban recorriendo mi piel por debajo de las ropas. Una de ellas me oprimía el pecho izquierdo y la otra se deslizó por mi vientre hasta alcanzar el pubis.

Traté de arrancarla de mi cuerpo, pero cuando mi propia mano rozó la vulva sólo halló mi piel caliente y sudorosa. Sin embargo, al mismo tiempo, seguía notando los dedos desconocidos hurgando en el clítoris e introduciéndose en la vagina que comenzó a mojarse pese a que sólo sentía repugnancia por el ser que estaba excitándome.

Apreté los dientes llena de rabia por la humillación y en ese momento, mi mente se llenó de imágenes de Lars. Al fin el vínculo que se había formado entre nosotros cuando el joven probó mi sangre cobraba vida. Así que pude observar lo que le estaba ocurriendo a mi compañero en esos precisos instantes y sentir lo mismo que él.   
Lars contempló atónito la enorme figura que le cerraba el paso. Era Miyu, sin duda, pero mucho más grande de lo normal o quizá era él quien se había encogido porque ahora el techo estaba mucho más alto que antes.

El astrólogo retrocedió confuso cuando la gigantesca amazona avanzó hacia él con el rostro impasible.

- ¿Qué... –empezó a preguntar pero unas enormes manos se cerraron sobre sus brazos y se encontró suspendido en el aire.

Sin una sola palabra, la amazona empezó a desgarrarle la ropa hasta dejarlo completamente desnudo y Lars se estremeció de frío.

Los fuertes dedos de la mujer se cerraron en torno a su cintura y lo alzó hasta la altura de su rostro. Lars pudo comprobar que los rasgos eran los mismos que los de la Miyu que él conocía pero los ojos estaban exentos de la calidez que poseían los de su amante. Eran unos ojos helados, carentes de vida que le hicieron sentir un profundo temor.

- ¿Quieres que te acaricie, cielo? –dijo con el mismo tono incitante que solía utilizar su compañera pero sin la pizca de humor que siempre había en la voz de Miyu.

- ¿Quién eres tú? –preguntó el joven vacilante.

- Tu amante –respondió la amazona con una sonrisa escalofriante- Pero parece que tendré que demostrártelo.   
Aún sujetándolo por la cintura con su mano izquierda, comenzó a acariciarle con las yemas de los dedos de la otra mano. Recorrió con suavidad su piel, arañando ligeramente los pezones y siguiendo hacia abajo hasta encontrar su pene que aún estaba fláccido.

Con la punta del pulgar y el índice se puso a frotarlo lentamente, pero con una fría e implacable determinación. Poco a poco, la polla fue irguiéndose y el roce de los dedos adquirió mayor velocidad.

- ¿Ves cómo te gusta, pequeño? –dijo la gigante con una mueca que quería ser una sonrisa.

Lars se sintió asqueado porque el pene se le estaba poniendo muy duro aunque deseaba con todas sus fuerzas que esa parodia de Miyu dejara de tocarlo.

- Te gustaría meter la polla en algún lugar cálido y húmedo, ¿verdad? –siguió hablando su captora con tono lujurioso.

- No... –logró decir el joven astrólogo haciendo esfuerzos para no permitir que ningún suspiro de placer escapara de entre sus dientes apretados- Quiero que me sueltes.

- ¿Estás seguro de eso? –sonrió irónica la amazona señalando hacia el suelo.

Lars miró asombrado cómo ahora parecía estar mucho más lejos que instantes antes y se dio cuenta de que se había encogido aún más.

- ¿Qué está sucediendo? –preguntó desesperado.

- No te preocupes, amor. Muy pronto olvidarás todos tus temores.

Esas palabras hicieron que un escalofrío de terror atravesara el cuerpo helado de Lars, pero antes de que pudiera articular una sílaba, la gigantesca mujer abrió la boca y metió la mitad inferior del joven en ella.

La lengua lo cubrió como una pesada manta y luego comenzó a deslizarse en torno a su cuerpo, mojándolo y palpando hasta el más íntimo de sus rincones. Enseguida localizó el pene excitado y se concentró en él. Empezó a darle leves toquecitos con la punta haciendo que el cuerpo de Lars temblara de involuntario placer y un suspiro arrebatado surgió de entre sus labios, amoratados de tanto mordérselos.

Los movimientos ondulantes de la lengua de la amazona continuaron con el mismo ritmo lento y preciso hasta que al astrólogo le pareció que continuaría para siempre. Llevándole hasta casi el límite y abandonándolo antes de que culminara su excitación, para instantes después volver a repetir el proceso.

Sin embargo, cuando Lars ya estaba a punto de gritar de frustración, la lengua aumentó el ritmo de sus movimientos y el pene del joven pudo al fin descargar su semilla, acompañado de un fuerte gemido de deleite.   
Entonces, antes de que se hubiera logrado recuperar del intenso orgasmo que lo acometió, notó cómo los dientes de la enorme criatura se cerraban con fuerza sobre su cuerpo indefenso.   
 
Contemplé impotente la escena que se desarrollaba en el otro pasadizo y sentí el dolor de Lars en mi propio cuerpo cuando los dientes de la falsa amazona mordieron a mi compañero.

Sin pensar en nada más que en salvar al joven comencé a correr en la oscuridad, guiándome por el estrecho lazo que nos unía a los dos y olvidando por completo los dedos que hasta hacía sólo unos momentos, habían estado penetrando en mi interior.

Ahora, habían desaparecido y yo sólo ansiaba llegar a tiempo hasta donde estaba Lars.  
Lars comenzó a gritar al sentir su carne atravesada por los afilados incisivos y colmillos de la amazona. El dolor era insoportable y el astrólogo pataleaba sin fuerza dentro de la boca de su torturadora, mientras la saliva que se deslizaba de sus labios iba recorriendo su pecho hasta detenerse en el cuello.

La presión en torno a su cintura aumentaba cada vez más y pensó que de un momento a otro le partiría en dos y luego le devoraría, pero al mismo tiempo sintió una lengua suave lamiéndole la mejilla y, a través de la niebla del dolor, se preguntó cómo podía tener en la cara la misma lengua que sentía bajo su espalda.  
Muy despacio abrió los ojos que había mantenido cerrados y miró a su alrededor. Estaba tumbado en el suelo y el pasadizo estaba vacío a excepción de él y el lobo plateado que estaba lamiéndole la cara con total concentración.

- Ah, eres tú, Kiba –dijo el joven incorporándose y acariciando al hermoso lobo- Parece que todo ha sido una ilusión y gracias a ti he salido de ella.

Pasó el brazo en torno al fuerte cuerpo de Kiba y lo abrazó apoyando la cabeza sobre su lomo mientras el ritmo acelerado de su corazón se acompasaba al del animal.

Sin embargo, un ligero ruido los alertó y Lars recogió rápidamente la espada que había dejado caer al suelo en su delirio. Instantes después, la dejó caer de nuevo al verme aparecer con la espada enfundada y gesto despreocupado. Ahora, yo también sabía que sólo había sido una alucinación provocada por algún hechizo protector de Moonshadow.

- ¿Estás bien, pequeño? –pregunté de todas formas inclinándome y ofreciéndole la mano para ayudarle a levantarse.   
Lars me miró y se estremeció levemente antes de aceptar mi mano.  

 - Sí –dijo con voz suave- y creo que he superado un pequeño temor que se ocultaba en lo más profundo de mi mente.  

 Sonreí sin decir nada aunque sabía muy bien a qué se refería.

Estábamos a punto de continuar por ese pasadizo cuando la voz susurrante de Adru resonó en nuestros oídos.  

 - Venid aquí. 

sábado, 2 de marzo de 2013

LA AMAZONA

 
 
CAPÍTULO 9


Una discreta tosecilla me despertó a la mañana siguiente. Abrí los ojos y me encontré con Egj flotando por encima de mis pechos desnudos y con una expresión más que satisfecha en su rostro sonriente. Bostecé y me estiré sin el menos pudor mientras Lars se apresuraba a levantarse para ir a buscar nuestras ropas.

- Adru os espera en la biblioteca –dijo el fuego fatuo conteniendo la risa.

- Gracias, Egj –respondí sonriendo y tomando las ropas que Lars me alargaba- Enseguida vamos.

Egj siguió revoloteando por encima de nosotros sin quitar ojo de mi anatomía.

- ¿Podrías esperar fuera mientras nos vestimos? –dijo Lars con el ceño fruncido.

- ¿Por qué? –preguntó el fuego fatuo alzando las cejas con fingida sorpresa.

- Queremos un poco de intimidad.

- No tenéis tiempo para eso –dijo Egj lanzándole una mirada significativa.

Lars enrojeció y le miró iracundo.

- No íbamos a hacer eso –gruñó levantándose y dando manotazos al aire para desplazar al fuego fatuo hasta llevarlo fuera de la habitación. Después, cerró la puerta con firmeza.

- Uff, menudo descaro –refunfuñó cogiendo la ropa y empezando a vestirse.

- Jajaja –le miré divertida- Así que no quieres que echemos un polvo rápido, ¿eh?

El joven sonrió y se quitó la ropa que acababa de ponerse.

- Estoy a tu disposición, mi dama –dijo haciendo una pequeña inclinación.

- ¿De veras?

Le tomé por la cintura y le arrojé sobre la cama, luego le abrí las piernas y me apoderé de su polla.

- Esto requiere una estimulación rápida –dije sonriendo antes de metérmela en la boca.

Como no era demasiado larga, me entró entera y comencé a chuparla con parsimonia al tiempo que masajeaba los huevos.

Enseguida el pene se endureció y comencé a sacarlo y meterlo de mi boca con un ritmo más rápido mientras mi lengua recorría toda la parte inferior desde la base hasta la punta, y mis dientes se cerraban en torno a ella sin apretar, sólo con el más leve de los roces. Cuando noté que estaba muy cerca de eyacular, la saqué y tumbándome frente a él, dirigí su polla con mis manos hacia la entrada de mi vagina.

Inmediatamente, el joven la introdujo hasta el fondo con un poderoso movimiento de pelvis y noté cómo rozaba las paredes de mi interior. Sus embestidas fueron haciéndose más fuertes y rápidas y mis caderas comenzaron a seguir sus movimientos casi sin que me diera cuenta.

Unos segundos después, cogí sus testículos y me los introduje también en la vagina dilatada y Lars soltó un suspiro embelesado cuando estuvo completamente dentro de mí.

Seguimos moviéndonos al unísono, totalmente ajenos a todo, excepto al placer que sentíamos hasta que un golpecito en la puerta nos hizo volver al presente.

- ¿Estáis listos? –sonó la voz cantarina de Egj al otro lado de la puerta.

- Enseguida estamos contigo –resoplé sin dejar de moverme al mismo ritmo de las embestidas de Lars- Sólo es cuestión de segundos.

- Uff, y decía que no ibais a hacerlo –refunfuñó el pequeño fuego fatuo.

En ese momento, y casi simultáneamente, nos corrimos los dos con un suspiro de placer.

Después nos lavamos con el agua que había en una jarra y nos vestimos apresuradamente.

- Ya era hora –dijo Egj mirando a Lars con resentimiento.

- Será mejor que nos lleves con Adru –dijo el joven astrólogo con gesto digno.

El fuego fatuo nos guió de nuevo hasta la biblioteca de la torre donde nos aguardaba el mago.

- ¿Habéis dormido bien? –preguntó levantándose del sillón de cuero donde había estado leyendo.

- Han hecho algo más que dormir –rió entre dientes Egj.

Lars le atravesó con la mirada.

- Te agradecemos profundamente tu hospitalidad –dijo después a Adru con cortesía.

- Hemos descansado y estamos listos para ir a la ciudad –respondí a mi vez.

- Sentaos –dijo el mago señalando dos sillones que había enfrente del suyo- Entrar en Tornor no será difícil porque tengo entrada franca allí, pero llegar hasta Moonshadow es otro cantar.

- Tenemos que intentarlo –dijo Lars con firmeza- Tengo que averiguar qué ha sido de mi hermano.

- ¿Y si no está allí? –preguntó Adru mirándole a los ojos- O puede que haya muerto al intentar conseguir la ayuda del hechicero.

Lars bajó la cabeza con dolor al pensar en esa posibilidad, pero después volvió a alzarla con gesto de desafío.

- No voy a abandonar ahora –respondió clavando sus ojos oscuros en los del mago- Si es necesario iré yo solo.  

-No, no vas a ir solo –dije inmediatamente apoyando una mano sobre su hombro- Adru, no tienes que acompañarnos a la guarida de Moonshadow, sólo te pedimos que nos ayudes a entrar en la ciudad.

- Está bien –suspiró después de un momento- Os acompañaré y os ayudaré en todo lo que pueda. Muad me ha pedido que os trate de la misma forma que lo haría con él y le debo demasiado para desoír sus deseos.

- Te lo agradecemos mucho –dijo Lars con alivio.

- Será mejor que nos pongamos en marcha –dijo el mago levantándose decidido.

Después de un rápido desayuno, nos dispusimos a partir hacia Tornor.

- Creo que sería conveniente que dejaras a tu montura aquí –me sugirió Adru.

- Sí, tienes razón –dije mostrándome de acuerdo- Pero Kiba puede ser útil, así que nos acompañará.

Pregunté por mis alforjas y al instante el fauno apareció como por arte de magia llevándolas sobre sus hombros.

- Muchas gracias, pequeño –dije cuando me las entregó.

Rebusqué en su interior hasta que di con mi ballesta y una docena de saetas. Me la colgué del cinturón de cuero que rodeaba mi cintura, al lado contrario de donde llevaba la espada. Luego, volví a meter la mano hasta que saqué la pequeña espada que ya había usado Lars contra los trolls y se la entregué.

- Espero que la uses con tanta habilidad como la última vez –dije pasándole la correa de la vaina por la cintura y sujetándosela con firmeza.

Lars asintió pasando las yemas de los dedos por el suave cuero de la funda.

- ¿Todos listos? –preguntó el pequeño fuego fatuo desde el hombro de Adru.

- ¿Él también viene? –inquirió Lars atónito.

- Por supuesto –sonrió el mago- Egj puede ser de gran ayuda.

- Hum... sí... desde luego –repuso mi compañero con escepticismo.

Emprendimos el camino atravesando el río Elhude por el puente que había a pocos metros del torreón de Adru y llegamos ante las puertas de Tornor en menos de dos horas.

El joven hechicero apoyó su mano sobre una hendidura que había en las macizas puertas y un resplandor azulado nos envolvió durante unos instantes antes de que las puertas se abrieran lentamente.

- Es un sistema de seguridad infalible –comentó Adru cuando entramos en la ciudad- Se trata de un conjuro capaz de reconocer la magia que posee cada uno de los magos que tenemos acceso a la ciudad.

- ¿De qué manera habrá podido entrar tu hermano? –pregunté entonces a Lars.  

- Se las habrá arreglado de una forma u otra –respondió el astrólogo seguro- Nunca se detiene ante nada.

Eché un vistazo a mi alrededor y me quedé asombrada ante lo que veían mis ojos. Estábamos rodeados de edificios de formas tan esbeltas y extrañas que sólo podían sustentarse mediante la magia. Los materiales con los que habían sido construidos eran de lo más variopinto y extravagante. Algunos de los edificios eran de cristal y se podía ver a través de las paredes lo que estaban haciendo en cada momento sus ocupantes, otros estaban recubiertos de plata y el brillo que despedían al reflejar los rayos del sol, hacía que tuviéramos que entrecerrar los ojos.

Entre dos enormes edificios de ágata y cuarzo había una especie de fuente que proyectaba hacia el cielo un chorro de agua que parecía congelada pero en cuyo interior nadaban peces rojos, amarillos y azules. Y un poco más lejos, vimos un hermoso árbol lleno de pájaros de plumas de brillantes colores que entonaban un canto tan dulce que sentí un deseo irrefrenable de sentarme junto a él para oírlo durante toda la eternidad. Pero Adru, ajeno a las maravillas que encerraba la ciudad, tiraba de nosotros cuando nos deteníamos y continuaba caminando con determinación.

Por fin se detuvo a pocos metros de una gigantesca torre de obsidiana. No tenía ninguna ventana y las paredes eran tan lisas como el cristal.

- Ésa es la torre de Moonshadow –dijo Adru señalando con la cabeza.

- ¿Cómo vamos a entrar? –pregunté mirando las negras paredes que no dejaban entrever ni la más pequeña grieta- ¿Y dónde demonios está la puerta?

- Está camuflada, por supuesto –respondió el mago.

- ¿Puedes abrirla con tu magia? –preguntó Lars mirando especulativamente al joven hechicero.

- Moonshadow es un mago de nivel 7 –dijo entre dientes- Yo sólo soy un aprendiz a su lado. Así que, lamento desilusionarte, pero mis conjuros no pueden deshacer los suyos.

- Uff, ¿y qué vamos a hacer? –pregunté frustrada.

- Bueno, por eso traje a Egj –sonrió el mago mirando al pequeño fuego fatuo que descansaba sobre su hombro- Tiene la capacidad de absorber la magia de algunos conjuros y hacer que dejen de surtir efecto.

- Magnífico –exclamó Lars animándose al momento.

Egj agitó las alas y revoloteó frente a su cara.

- ¿No creías que debía haberme quedado en casa? –preguntó socarrón.

- Retiro cualquier palabra o pensamiento ofensivo hacia tu persona –dijo Lars muy serio y el fuego fatuo sonrió más aún.   
- Está bien –dijo acercándose a la torre de obsidiana- Voy a intentarlo. 

Apoyó sus diminutas palmas en el frío muro y después de un momento, el brillo dorado que lo envolvía comenzó a extenderse por las paredes de la torre. De pronto,una parte del muro se deslizó hacia un lado dejando entrever un oscuro pasadizo. Nos asomamos con precaución y después de comprobar que el pasadizo estaba vacío, nos adentramos en él.



lunes, 25 de febrero de 2013

LA AMAZONA



CAPÍTULO 8
 
 
Nos alejamos del Paso de la Esfinge iluminados por la tenue luz de la luna llena. Sujetaba con una mano las riendas de Tiere y con la otra aferraba el brazo de Lars para que se apresurara. El lobo nos seguía de cerca vigilando nuestras espaldas.

Cuando consideré que estábamos fuera de peligro, me detuve mirando a Lars con severidad.

- ¿Tú estás loco?

- ¿Por qué dices eso? –preguntó sorprendido.

- Uf, ¿es que no sabes lo peligrosas que son las esfinges? –repuse también asombrada por su ignorancia.

- Pero si su pregunta era una tontería –dijo Lars como si eso implicara que debía ser inofensiva.

- Es una formidable contrincante y si no hubieras contestado, habría hecho lo posible por devorarnos a los dos –le expliqué indignada.

Lars me miró poco convencido y luego asintió.

- Será mejor que busquemos la casa de nuestro guía –suspiré con resignación al cabo de un momento.

Descendimos la ladera y nos dirigimos hacia el río que bordeaba la ciudad de Tornor pues Muad me había dicho que su amigo vivía junto al puente que lo atravesaba.

Sería medianoche cuando divisamos una alta y estrecha torre de piedra gris veteada de verde y nos encaminamos hacia allí. La puerta era de roble reforzada con remaches de bronce y tenía una aldaba con la forma de un gato dormido. Cuando la cogí para golpear la puerta, el gato pareció despertar y lanzó un aullido aterrador. Lars pegó un bote y yo misma di un respingo nerviosa.

- ¿Qué ha sido eso? –preguntó el joven mirando la aldaba de bronce que ahora nos miraba a su vez con desconfianza.

- Bueno, es un mago, ¿no? Es normal que su casa esté protegida con objetos mágicos.

Poco después, la puerta se abrió lentamente haciendo un ruido chirriante que nos hizo apretar los dientes y una esfera luminosa flotó frente a nuestras narices.

- ¡Bienvenidos a casa del Gran Adru –dijo el pequeño ser alado que brillaba con una intensa luz dorada- Archimago, sanador, profeta y desfacedor del mal de ojo. Consultas: de diez a ocho (con una hora para comer) por el módico precio de dos maravadíes de plata.   
- ¿Y quién eres tú? –preguntó Lars mirándolo sorprendido.

- Soy Egj, el consejero del Gran Adru –respondió el hombrecillo con petulancia.

- ¿Cómo has dicho? –volvió a preguntar mi compañero a quien el nombre le habría sonado parecido al canto de un grillo.

- Déjalo –le aconsejé sonriendo- Todos los fuegos fatuos tienen nombres impronunciables.

- Queremos ver a Adru –dije a continuación a Egj- Nos envía Muad Did.

El fuego fatuo abrió los ojos asombrado y luego asintió tan enfáticamente que casi pierde el gorrito verde con el que cubría sus rizos oscuros.

Entonces, me volví hacia el caballo y el lobo.

- Tiere, Kiba esperadnos aquí.

- ¿Kiba? –Lars me miró alzando una ceja- ¿Desde cuando se llama así?

- Bueno, lo he estado pensando mientras caminábamos hacia aquí –le expliqué- Y ese nombre me gusta. Me recuerda a un antiguo amante que...

Miré de reojo a mi acompañante y vi que me escuchaba muy interesado.

- Hum... olvídalo –sonreí ampliamente guiñándole un ojo.

Lars me lanzó una mirada molesta pero no dijo nada.

- Seguidme –dijo en ese momento el fuego fatuo y nos guió por un pasillo iluminado por una extrañas antorchas cuyas llamas no desprendían ni humo ni calor.

Egj se detuvo finalmente delante de una puerta y ésta se abrió antes de que nadie pudiera golpearla. Precedidos por el fuego fatuo entramos en lo que parecía una especie de laboratorio y vimos a un joven inclinado sobre una probeta.

- Egj, ¿cuántas veces tengo que decirte que las consultas acaban a las ocho? – dijo sin levantar la vista de lo que estaba haciendo.

Sobre la mesa había dos enormes gatos, uno blanco y el otro negro, que dormitaban hechos un ovillo. El resto de la mesa estaba cubierto por cuencos, vasijas de cristal y botellas llenas de líquidos y polvos de diferentes colores.

- Adru, los envía Muad Did –dijo Egj volando hasta él y sentándose sobre su hombro izquierdo.

- ¿Muad? –preguntó entonces el mago levantando por primera vez la vista para mirarnos.

Se trataba de un joven apuesto de expresión seria que contrastaba con la carita sonriente y traviesa del fuego fatuo.

- Traemos un mensaje suyo solicitando tu ayuda para que podamos entrar en Tornor sin contratiempos –dije entregándole el pergamino sellado.

Adru lo leyó atentamente y luego lanzó un suspiro.

- ¿Por qué queréis entrar en Tornor? –preguntó con tono casi exasperado.   
Miré a Lars y él asintió y le contó todo lo que sospechaba sobre las intenciones de su hermano.

- Riech Heil, ¿eh? –dijo Adru cuando Lars terminó- Es uno de los magos más poderosos que conozco.

- ¿Es posible vencerlo? –pregunté.

- Pocos magos son capaces de superar sus conjuros –respondió pensativo- Entre ellos su propio maestro, Moonshadow.

- ¿Vive en Tornor? –preguntó Lars de inmediato.

- Así es.

- Entonces Rick habrá ido a pedirle ayuda –dijo mi compañero muy agitado- Tienes que llevarnos hasta él.

- Esto... Moonshadow no es de los que ayudan desinteresadamente –replicó Adru mirando a Egj que se removía nervioso en su hombro- Y tampoco recibe a visitantes que no hayan sido invitados.

- Pero... –protestó Lars.

- Es muy tarde ya –le cortó el joven mago- Será mejor que Egj os muestre vuestras habitaciones. Mañana continuaremos esta conversación.

- ¿Alguien podría ocuparse de dar de comer a mi montura y al lobo que he dejado fuera? –pregunté inquieta.

- Por supuesto –dijo Adru amablemente. Luego, lanzó un silbido y un delgado fauno con un par de hermosas orejas de ciervo se asomó a la puerta.

- Pichu, por favor, ocúpate de los animales de nuestros invitados.

El fauno asintió y desapareció en silencio.

Nosotros seguimos una vez más a Egj, esta vez por una estrechas escaleras de caracol hasta dos habitaciones que había en la planta superior.

- Si necesitáis algo, sólo tenéis que gritar –dijo el pequeño fuego fatuo sonriendo con gesto pícaro.

- Gracias, Egj –sonreí también- pero no creo que sea necesario.

El hombrecillo nos hizo un gesto de despedida y se marchó.

Una vez que el brillo dorado desapareció en las escaleras, me volví hacia Lars. El joven parecía de nuevo sumido en oscuros pensamientos, inquieto por la suerte de su hermano.

- Olvida tus preocupaciones por esta noche, Lars –dije besándole con ternura.

Él me devolvió el beso y luego esbozó una sonrisa.

- Tienes razón –dijo mirándome con expresión maliciosa- Te voy a demostrar de lo que soy capaz aún sin beber kirban.

- Jajaja –reí escéptica- ¿Estás seguro, pequeño?   
- Ajá –respondió conduciéndome hasta el alféizar de la ventana y haciendo que me sentara sobre él.

Luego, me desnudó lentamente, besando cada zona de piel que iba descubriendo. Su respiración caliente agitaba mi vello produciéndome un cosquilleo muy placentero y sus manos, acariciando mi cuerpo, me hacían estremecer de deseo. Mientras me lamía los pezones y los succionaba como si intentara que brotara leche de ellos, le desnudé. Y luego, pasé mis piernas alrededor de sus caderas para aprisionarlo y acercarlo más a mí.

Su polla estaba muy dura ya y yo la tomé en mis manos para acariciarla con ternura. Pasaba mis dedos por todo su miembro desde la base hasta el glande y me detenía en éste último para masajearlo suavemente con las yemas de mis dedos. Al mismo tiempo, apretaba sus testículos y los estiraba con cuidado para volver a apretarlos una vez más.

- Parece que estás muy caliente hoy –le susurré al oído después de meter mi lengua en él.

- Habrá sido la caminata –farfulló sin sacar del todo de su boca el pezón que estaba chupando.

Seguí acariciando su pene enhiesto y luego, cuando la excitación que me invadía se hizo incluso dolorosa, lo guié hasta mi vulva palpitante.

Lars dio un empujón y me penetró hasta el fondo. Entonces, lancé un gemido de placer y apreté más aún las piernas en torno a sus caderas. El joven, embistió una vez más con fuerza mientras nuestros labios se unían y nuestras lenguas se buscaban la una a la otra.

- ¿Te gusta sentir mi polla dentro de ti? –musitó mirándome a los ojos.

- Sí, pequeño –sonreí ante su pregunta- A pesar de tu tamaño, no puedo quejarme de la habilidad con la que manejas tu polla, jajajaja.

- No es tan pequeña –refunfuñó algo ofendido.

- Claro que no –confirmé al instante- pero si la comparas con la de un ogro...

- ¿Acaso tú....? –me miró pasmado.

- Será mejor que dejemos eso para luego –sonreí acariciándole las nalgas e introduciendo uno de mis dedos humedecido en saliva en su ano.

- Mmm –suspiró Lars- No sé qué es lo que haces ahí dentro pero nunca pensé que sentiría tanto placer por ese sitio.

- Jajaja –reí sin poderlo evitar. Lars era tan inocente a veces que me llenaba de ternura- No has tenido mucha experiencia sexual, ¿verdad?

El joven guardó silencio pero por la forma que enrojeció supe que había dado en el clavo.   
Continué metiendo y sacando el dedo en su ano acompañando a sus embestidas y por fin eyaculó desparramando su semilla por mi interior.

Exhaustos permanecimos jadeando unos instantes con su pene aún dentro de mi y después, nos derrumbamos en la cama y nos quedamos profundamente dormidos.